Ti zugun ta Kultrun zugun
kechiley
fey feypiyeenew ñi pu Kuyfikeche
welu gvnewkvley ñi kizu kimneel
chi kimvn mu egvn
Feymew tami azkan kimvn mew
nvtramkay mu tami pu wenviemu
ka fey weupimeamy pu wigkaemu
De Femgechi amuley ñi pewma ñi pelon kintun [1]
Elicura Chihuailaf
Kultrunkawe es un espacio sagrado mapuche: su existencia señala una forma particular de habitar y convivir que se expresa –explicita– en el lenguaje. «Espacio de Kultrun» sería su traducción literal al español. Una imagen que descubre múltiples entradas para mirar, partiendo por su alusión al Kultrun, tambor en general utilizado por Machi para uso ceremonial, cuya base de madera tallada, como menciona Awkanaw, “representa la mitad material del Cosmos” (83)
¿Cómo imaginar este lugar? Un sinnúmero de kultrun distribuidos por el espacio, todos distintos, algunos recién dejados, otros ya vueltos tierra, con la madera cubierta de humedad, musgos y líquenes decorando el cosmos tallado en su forma.
¿Qué hay en el entorno de este espacio sagrado? La gente del Külchemapu dice que está ubicado en una quebrada del cordón Peñehue –brazo del Rukapillan que se extiende en dirección al mar–. También se menciona que está próximo a un lugar de extracción de greda, material base para el Wizün, intrínseco a las prácticas rituales y ceremoniales: gran parte de los vestigios de alfarería mapuche son encontrados cerca de cuerpos de agua (ríos, lagos, vertientes, etc.) y cementerios.
Estas imágenes del Kultrunkawe sirven para esbozar una estrecha relación entre la forma de habitar y mirar el espacio, donde la presencia de Machi es sustancial para entender las dinámicas de convivencia en el territorio. Actualmente, no es posible hallar el Kultrukawe en los mapas satelitales, sin embargo, todavía hay gente que escucha los kultrun en las tardes cuando trafica por ciertos pasajes del monte.
*
En el presente, hacerse preguntas sobre la historia del Kultrunkawe (¿cómo surgió?, ¿por qué ese nombre?, ¿dónde está?, ¿ya no existe?, etc.) es una invitación a ampliar nuestra mirada sobre la forma en que nos relacionamos con el entorno cotidiano. La misma palabra, «Kultrunkawe», evidencia otra forma de versar el mundo, otra lengua, distinta a la española.
El pueblo Mapuche tiene su lengua, el Mapuzungun, es decir, una forma particular de habitar el mundo y nombrarlo, pues, como toda cultura también “es una proyección concreta, un hacer, del pensamiento humano”. En este caso, es un pensamiento que se rige por lo sagrado, un pueblo hierocéntrico –dirá Aukanaw [2] – que proyecta su cultura y cosmovisión en coherencia a una tradición espiritual propia:
“Así, en el mapuche kimün el concepto mapu contiene dimensiones espaciales diferentes, no hay tan solo una referencia a lo tangible, a lo material, sino que tiene una dimensión espacial que permite situar todas las dimensiones de la vida en el universo, o sea, posee también una dimensión trascendente en la cual se puede entender la expresión mapuche wenu mapu o wente wenu mapu (COTAM 717)”[3]
Para hablar del Kultrunkawe, entonces, hay que replantearse la mirada sobre el espacio asumiendo que nuestros cuestionamientos, el cómo y por qué se han olvidado las prácticas de Machi en el territorio, guardan estrecha relación con la dimensión trascendente que configura el concepto Mapu.
Un poco más de 500 años son los que lleva la intromisión de occidente en territorio mapuche, acontecimiento que también puede ser visto como “un proceso de modernización que, en el fondo, fue colonialidad y control espacial”[4] , en el que las huestes españolas y el ejército chileno cumplen la misma función de expansión a nivel territorial, pero también a nivel de pensamientos y formas de relacionarse con el espacio:
“La desaparición del hábitat de los antiguos, lo es también de los nombres, de los contenidos y sentidos que portan los elementos que lo pueblan e interactúan entre sí y con la comunidad, se vuelve un golpe mortal a la cultura de nuestros pueblos.”[5]
Pensar el presente del Kultrunkawe implica atender las formas en que el Mapuzungun nombra y describe los espacios que son parte del Mapuche Kimün. En este contexto, el olvido de la dimensión trascendente, propia a la noción de Mapu, es consecuente a una imposición valórica y espiritual que, paradójicamente, proviene de una cultura cada vez más desafectada de su relación con el espacio que habita:
“Pertenecemos a una historia cultural que nos separa cada vez más del mundo natural. En la ciudad crecemos sin conocer los nombres de las plantas autóctonas o de los animales silvestres que aún pueden verse en nuestro entorno […] Ya no aprendemos como algo natural lo natural de nuestra pertenencia a la biósfera e interdependencia vital con todos los seres vivos que la constituyen y con los componentes no vivos de la corteza terrestre. Ya casi no nos reconocemos en nuestro entorno, pues este, en su extrema artificialidad, nos niega y oculta lo que es nuestro fundamento animal y vegetal.”[6]
[1] Las palabras son como el sonido/ del Kultrun/ me están diciendo mis Antepasados/ pues se sujetan/ en el misterio/ de la sabiduría/ Por eso con tu lenguaje florido/ conversarás con los amigos/ e irás a parlamentar con los winka.
(Así transcurren mis sueños mis visiones)
[2] En: La ciencia secreta de los mapuche (2013) p.7
[3] En: El origen de la sociedad mapuche en su cultura y cosmovisión, José Millalen. ¡Allkütunge, wingka! ¡Ka kiñechi! Ensayos sobre historias mapuche (2019) pp. 40-41
[4] En. La invención geográfica de Chile (Una historia de cómo olvidamos el país de las cuencas) Andrés Núñez G., Enrique Aliste y Federico Arenas V. (2025)
[5] En: Mapun kimün. Relaciones mapunche entre persona, tiempo y espacio. Prólogo de Pablo Mariman Quemenado (2017) p. 10
[6] En: La Enseñanza de la Ecología en el Entorno Cotidiano. Prólogo de Humberto Maturana (1997)